El hábito no hizo al monje, pero a Rasputín le ocultó una pieza de Museo

Rasputin

La historia del pene de Rasputín es una de las más prodigiosas que pueden relatarse. Hace diez años se inauguró el museo de erotismo de San Petersburgo y nos enteramos de que se exponía allí.

No sé si sigue a la vista, pero leer entonces que el pene de aquel monje vicioso, consejero del zar, era la principal atracción del centro no me pasó desapercibido porque, de alguna manera, conocía su itinerario desde que cayó en mis manos uno de esos libros de “listas” que tanto gustan en Estados Unidos. Me refiero a uno de esos libros que igual informa de “11 prominentes bebedores de café” que relaciona “10 personas que han tomado cocaína”.

Pues bien, en uno de esos tomitos venía una lista curiosísima a la que no era fácil resistirse: “Cinco órganos sexuales de hombres célebres que se han conservado”. Allí aparecía Rasputín, castrado a su muerte.

El interés despertado en San Petersburgo por aquella cosa que realzaba su naturaleza, conservada en un tarro con alcohol, se entiende si se acude a la descripción que daba uno de sus biógrafos: “Parecía un plátano maduro y ennegrecido”. O a la medida que proporcionó María, hija del monje, que se atrevió a certificar “sus buenos 35 cm. en erección”. La fama por tanto es antigua y, de hecho, el artífice del museo, un urólogo, declaró en su día que compró el mítico falo a un anticuario francés.

Nada de extraño hay en ello.

La presencia en Francia de la pieza encaja. El libro de las listas que promovió mi interés por el personaje decía que, al menos en 1968, la guardaba en su dormitorio de París una anciana rusa, ex amante del monje. La guardaba protegida en una caja de madera pulida, encima del armario. El libro no explicaba si la señora la sacaba de allí para darle brillo o la tenía sólo como recuerdo.

La historia de la reliquia, en todo caso, es la historia de un falo pródigo. Como otros muchos que se extravían por ahí, su itinerario demuestra lo que ya se sabe.

Que hay falos que, por muchas vueltas que den, siempre regresan a casa.

JOSÉ FERRÁNDIZ LOZANO

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Categorías:Opinión

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2 respuestas

  1. ¡Que me parto…! Resulta que hay falos que vuelven a casa por Navidad… ¡como El almendro…! Muy gracioso el artículo!!! Besicos

    Le gusta a 1 persona

  2. La historia me ha recordado a las que cuenta Nieves Concostrina, en sus relatos de “Polvo eres”.
    Curiosa historia de reliquia!!!

    Le gusta a 1 persona

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