Música para un defensor de los derechos cívicos y la paz internacional. Homenaje a Rafael Altamira

150 aniversario Rafael Altamira 2Presentación del concierto “Homenaje a Rafael Altamira”, organizado por el IAC Juan Gil-Albert y celebrado en el ADDA. Interpretación del Trío para piano, violín y violonchelo de Chapí. Alicante, 31 de marzo de 2016. 

Texto del discurso

Justo un mes después del fallecimiento de Ruperto Chapí en Madrid en 1909, el alicantino Rafael Altamira, por entonces catedrático de Historia del Derecho en la Universidad de Oviedo, puso punto final y fecha en Asturias a un artículo que tituló “En el homenaje a Chapí” y envió a Diario de Alicante para su publicación. “Con su amistad me honró Chapí –escribía en uno de sus párrafos–, y me honró de tan amable y delicada manera, que para siempre me ligó a él con el lazo de la más profunda gratitud”. Es cierto que en este mismo texto reconocía que sus caminos fueron divergentes y que rara vez se encontraban, pero al menos dejó constancia de su vinculación amistosa.

Hoy, a más de un siglo de distancia de aquellas palabras, el encuentro de Altamira y Chapí va a ser reeditado. El Trío para piano, violín y violonchelo del compositor villenense será interpretado por el Trío Aitana.

Fue estrenado el 10 de noviembre de 1879 en Madrid, cuando Altamira tenía tan sólo trece años y aún no había llegado a la capital. De este modo, pues, no nos sería posible establecer relación entre ambos a través de esta obra. Sin embargo, existe una conexión, aparte de que Chapí fue amigo de su padre. La obra fue encargada por la Institución Libre de Enseñanza para ser interpretada en una de sus veladas musicales, petición que atendió Chapí. Rafael Altamira quedaría vinculado después a esa misma institución en sus tiempos de residencia en Madrid para realizar su doctorado.

Aunque la diferencia de edad no les hizo coincidir en el estreno –Chapí era quince años mayor–, haber participado ambos en una corriente de renovación cultural y pedagógica como la que representó la Institución Libre de Enseñanza les dota de un hilo de relación no sólo personal sino intelectual. Por ese motivo, en este concierto de homenaje a Altamira en el 150 aniversario de su nacimiento, va a sonar la partitura de Chapí en los dos movimientos que se conservan en el manuscrito original de la Biblioteca Nacional.

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Profesor universitario, historiador que renovó las metodologías de investigación e interpretación de la Historia, impulsor de la extensión universitaria, jurista, juez del Tribunal Internacional de La Haya, pensador político adscrito al regeneracionismo y a la recuperación de las relaciones hispanoamericanas, pedagogo, senador, autor literario, pacifista nominado dos veces para el Premio Nobel… Cuando hablamos de Rafael Altamira destacamos todas estas actuaciones y su carácter multidisciplinar. Pero casi nunca hablamos de su relación con la música, para él otra expresión válida en la regeneración. Aunque éste sea un aspecto secundario de su actividad, en los últimos años son varias las personas que nos están llamado la atención sobre la conveniencia de recordar su identificación con la música: las musicólogas Leticia Sánchez de Andrés y Ana Llorens, su nieta Pilar Altamira, a quien agradecemos su presencia en este concierto que ella mismo sugirió, y su bisnieto Ignacio Ramos Altamira, que ayer firmaba un amplio artículo en prensa, nos han venido proporcionando noticias.

Y es que Rafael Altamira respiró la música desde pequeño. Su padre era Músico Mayor del 5º Regimiento de Infantería Inmemorial del Rey y por ello conoció a Chapí, de su madre dijo Altamira que heredó “el culto y la afición a las bellas artes” y dos tíos maternos eran compositores.

Existe otro detalle que raramente se menciona: Altamira aprendió a tocar el piano. Y no sólo lo tocó en veladas familiares sino que, al menos en una ocasión, sabemos que lo hizo en público. Cuando realizó su trascendental e influyente viaje a América y regresaba en barco en marzo de 1910 acompañó al piano a la cantante María de Lazo en un concierto para el pasaje. En Madrid acudía a las veladas musicales de la Institución Libre de Enseñanza en unos tiempos en que en la capital se reivindicaba la música de cámara, también desde el Ateneo y el Conservatorio de Madrid. Estando en la Universidad de Oviedo organizó charlas sobre música en ciertas programaciones de extensión universitaria. Y no hay que olvidar que fue presidente de la sede madrileña de la Asociación de Cultura Musical fundada en 1922, ofreciendo oportunidades a jóvenes compositores e intérpretes. Trató a Chapí, pero también a Bretón, a Pedrell, a Subirá, a Fernández Arbós, a Óscar Esplá. Y estuvo siempre atento a la música europea.

Todos éstos son elementos más que sobrados para que hoy brindemos a Rafael Altamira un homenaje a través de la música de su época.

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El Trío para piano, violín y violonchelo de Chapí, estrenado en 1879 y que posiblemente pudo haber tenido alguna interpretación más, no volvió a oírse en Madrid hasta 2011, esta vez en el Teatro de la Escuela Superior de Canto, tras ser reeditada la partitura por la profesora y violonchelista Ana Llorens. Hoy se va a oír por primera vez en Alicante, la ciudad natal de Altamira; el próximo 13 de mayo se interpretará también en El Campello.

La duración aproximada de sus dos movimientos es de unos dieciséis minutos; el primero, de casi quince, es mucho más largo que el segundo, de menos de dos minutos. Esto ha hecho suponer que el Trío pudo haber tenido algún movimiento más para compensar la duración del primero, posibilidad que planteó la misma Ana Llorens, aunque tampoco descartó que en 1879 se interpretase sólo el primer movimiento, ya que es el único de los dos que aparece numerado en el manuscrito, en tanto que la escritura del segundo es más descuidada. Independientemente de lo que ocurriese, se trata de una composición singular en la producción de Chapí que, tras estar pensionado en Roma, Milán y París, regresó a España en 1878. Y es además una de las pocas piezas de cámara del autor villenense, junto a sus cuartetos de cuerda.

El Trío Aitana, compuesto por el pianista Francisco Escoda, la violinista Mari Carmen Ballester y el violonchelista Antonio Ballester, profesores del Conservatorio Superior de Música Óscar Esplá de Alicante, va a ser el encargado de revivirnos esta composición, y ha completado el programa con el Trío con piano en Sol Mayor del francés Claude Debussy, uno de los nombres destacados de la música europea de las últimas décadas del siglo XIX y primeras del siglo XX, que escribió esta obra, curiosamente, el mismo año en que Chapí estrenó su trío.

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El Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert, como organizador de este concierto de hoy, desea invitarles además a que este acto a través de la música –arte que se expresa en un idioma único, universal– y a través de la figura de Altamira sea también una llamada a la tolerancia, a la defensa de los derechos cívicos y a la paz internacional, valores por los que trabajó el intelectual alicantino. Valores que el mundo no parece haber consumado todavía de manera unánime. Desde el pasado mes de diciembre toda celebración musical que organiza nuestro Instituto se encuadra en un compromiso: el de los conciertos por los derechos. Por los Derechos Humanos. No es casual que ustedes encuentren en la bolsa que se les ha entregado a la entrada un ejemplar de la Declaración universal de los Derechos Humanos que las Naciones Unidas proclamaron en 1948 y chapas con distintos hastags.

Pilar Altamira nos ha recordado en uno de sus libros el diálogo que su abuelo mantenía con el ideal pacifista. Las dos bases fundamentales de la paz social son la justicia y la cultura, decía Rafael Altamira. En una conferencia pronunciada en 1932 formuló una pregunta: “¿Qué le queda a la Humanidad para evitar el mal futuro?”. Él mismo propuso la respuesta: “Una sola cosa: la educación pacifista de las nuevas generaciones”.

La tarea sigue inacabada. Y el mensaje de Altamira vigente. Por eso este concierto no es sólo el homenaje a una biografía intensa sino a todo aquello en  lo que creyó, a todo aquello que justificó su acción intelectual. Es el reconocimiento a un legado y a una actitud que hoy demanda la sociedad.

El mismo año en que falleció en México en 1951, Altamira estaba propuesto al Premio Nóbel de la Paz que concede el Parlamento Noruego. Siempre conviviremos con la duda de si lo hubiese ganado o no. Hubiera sido un excelente broche, pero en modo alguno esto reduce su contribución.

En su homenaje, pues, dejemos hoy que el lenguaje universal de la música nos evoque el deseo, también universal, de la Paz.

El último 10 de diciembre el Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert organizó once conciertos simultáneos en once poblaciones distintas de la provincia de Alicante para conmemorar la Declaración universal de los Derechos Humanos. “Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona”, dice el tercero de sus artículos. Entonces estaban recientes los atentados terroristas de París y quisimos recordar a sus víctimas. Hoy, lamentablemente, están recientes los atentados de Bélgica y Pakistán y queremos invitarles a que guardemos, en pie, un minuto de silencio.

[…]

Muchas gracias. Comenzamos el homenaje musical a Rafael Altamira.

Con ustedes, el Trío Aitana.

JOSÉ FERRÁNDIZ LOZANO, Director del IAC Juan Gil-Albert

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