Fuego y cultura

Foguera 2016 fragmento

Fragmento de una Hoguera de Alicante (2016)

Un periódico norteamericano convocó un original concurso entre sus lectores. Ya se sabe lo molesto que resulta que le pregunten a uno que tres cosas se llevaría a una isla desierta, o qué libro, o qué obra de arte salvaría de un incendio. La indagación del periódico se decantaba por esta tercera opción. De pronto, en sus páginas comparecía esta pregunta: “Si el Museo de Arte de Nueva York comenzara a incendiarse y usted pudiera salvar sólo un cuadro, ¿cuál salvaría?”.

Se trataba de premiar la respuesta más convincente. Cierto que hubo parabienes para muchas obras expuestas, pero el ganador fue un concursante que, con mucho juicio e ingenio, convenció con una solución: “El más cercano a la salida”.

Tan resolutivo como él, estuvo también Jean Cocteau un día no menos propicio para pronunciamientos espléndidos. Compartió una escena con Salvador Dalí, a quien le gustaba contarla. A los dos les esperaron a la salida de una visita al Museo del Prado. Un periodista abordó a Cocteau con la pregunta de rigor. Más o menos en estos términos: “Si se declarase un incendio en el Prado y sólo pudiera llevarse una cosa, ¿qué se llevaría?”. Y el francés respondió con seguridad: “El fuego”.

La respuesta, de la que se ha dicho por cierto que era un plagio griego, dejaba a Dalí con el compromiso difícil de mejorarla. Teatral, como siempre que actuaba en público, el artista catalán dijo que él se llevaría el aire. “Y específicamente –añadió– el aire contenido en Las Meninas de Velázquez, que es el aire de mayor calidad que existe”. No estuvo mal porque sin aire no hay fuego.

En las dos situaciones, la del Museo de Nueva York y la del Prado, hay una preocupación común: el fuego se presenta como una amenaza de destrucción. También el infierno nos lo hemos dibujado en la iconografía de siempre envuelto en llamas y abarrotado de pecadores chamuscados. Pero no olvidemos su otra cara. Su simbolismo positivo; como el del mito griego –y por tanto del Mediterráneo– de Prometeo encadenado, castigado por los dioses por robarles el fuego para entregarlo a los humanos. O sea, que era valioso.

En definitiva, veneramos el fuego porque es contradictorio. Quema y calienta, destruye y purifica. Por eso la noche de San Juan es la noche mágica por excelencia. Una magia en la que el fuego, su símbolo, no es el enemigo. Es el aliado.

JOSÉ FERRÁNDIZ LOZANO

“Foc i cultura”, de José Ferrándiz Lozano (suplemento cultural “Arts” del diario El Mundo, 23-6-2016).

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Categorías:Opinión

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1 respuesta

  1. Qué precioso artículo!!!!!!

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