La comunicación política, uno de los temas eternos

José Ferrándiz Lozano

Discurso de inauguración del IV Seminario de Comunicación Política e Institucional, Alicante, 13-10-2016

El hecho de que un seminario se titule “La comunicación política ante la campaña permanente” nos hace pensar en los tiempos actuales y, muy especialmente, en este periodo transitorio que estamos viviendo en España entre una legislatura finalizada en 2015 y otra que no acabamos de saber cuándo comenzará. Eso es lo que nos lleva a sostener, o a percibir, que vivimos en una campaña electoral permanente ante la expectativa de que puedan convocarse unas nuevas elecciones, o no.

Sin embargo hay que decir que esto, que a lo mejor nos parece ahora coyuntural, no cambia mucho las cosas. En las sociedades modernas la comunicación política es permanente. Siempre. En la vida cotidiana y social cada gesto, cada mirada, cada palabra pronunciada o escrita, cada prenda que elegimos para vestir, cada postura, cada imagen o foto nuestra que circula, es un acto de comunicación. Y cuando todo esto lo trasladamos al escenario político simplemente lo convertimos en comunicación política. Una comunicación que es diaria: quien gobierna explica sus actos en clave de éxito y necesidad de sus decisiones, quien se opone descalifica sistemáticamente a quien gobierna y se postula para ocupar el poder. Por ello vivimos en medio de un fuego dialéctico cruzado.

Ahora bien, nada de esto es nuevo. Ni el ejercicio de la comunicación política ni sus tácticas básicas. Sólo los medios y los contextos cambian. La comunicación política es algo así como uno de los temas eternos de la especie humana, igual que en la literatura son temas eternos el amor, la muerte, la ambición o el poder. La comunicación política nació seguramente al mismo tiempo que la política y no nos sorprenden ya los hallazgos posibles cuando practicamos la arqueología textual.

Nos ha llegado, por ejemplo, la larga epístola de Quinto Tulio Cicerón a su hermano Marco Tulio Cicerón, cuando éste vestía en el año 64 a.C la toga blanca, es decir la que se conocía como toga cándida –de donde procede la palabra candidato– que utilizaban para distinguirse aquellos que se presentaba a las elecciones. En este caso se trataba de elecciones a cónsul. Como si se tratara de un moderno asesor o consultor político, Quinto Tulio, el hermano pequeño del Cicerón más conocido, le proporcionaba consejos, convirtiendo su carta en una especie de manual. Fueron unas elecciones muy reñidas, donde Cicerón obtuvo una de las dos magistraturas en juego.

Pero lo que nos llama la atención hoy es que, al principio de su carta, ya le apuntaba una clave que sigue vigente en el mundo de la comunicación política. Le hablaba de la importancia de las cualidades del candidato, sí, pero a renglón seguido le avisaba claramente de que “las apariencias pueden superar incluso esas cualidades”.

No entramos a valorar si está bien que sea así o no, pero sí afirmamos que esta es la realidad, nos guste más o nos guste menos. Ante los demás somos lo que aparentamos, lo que los otros creen que somos. De ahí la trascendencia de la comunicación política que, como el dios Jano, tiene también sus dos caras: la ética e ideal, por un lado, y la que disimula u oculta intenciones inconfesables.

Tan antiguo es esto que lo encontramos en muchos puntos de la historia. Maquiavelo ya se lo advertía a Lorenzo de Médicis al redactar El Príncipe en 1513: “Todos pueden ver lo que pareces, pero pocos saben lo que eres”. Y al cardenal Mazarino se le atribuyó un breviario para políticos de 1684, seguramente apócrifo, donde se aconsejaba la fórmula del “simula y disimula”. Incluso finalizaba el texto con una advertencia que bien puede ser la constatación de que el político comunica hasta cuando cree que no. “Cuidado –decía–: tal vez en este mismo momento alguien a quien no ves te está observando o escuchando”.

Se les puede preguntar a todos aquellos a quienes se les ha quedado un micro abierto. Recordemos el “manda huevos” que pronunció Federico Trillo como presidente del Congreso de los Diputados al leer un enunciado larguísimo de un punto del Orden del Día, o a aquella señoría a quien en la misma cámara se le pilló en le escaño –hubo foto distribuida en prensa– resolviendo un sudoku del periódico. El grado del desliz puede ser anecdótico, como en estos casos, y por tanto irrelevante. Y puede ser de mayor calado y echar carreras políticas por tierra.

Y ya si queremos utilizar un consejo más ligado con alguien de nuestra tierra, echemos mano de Azorín, que al escribir El Político en 1908 recomendaba practicar la virtud de la eubolia, una palabra que casi nadie usa y que consiste, según decía, en “ser discreto de lengua, en ser cauto, en ser reservado, en no decir sino lo que conviene decir”.

Decir y no decir, ese es el juego. El control de la agenda política como clave, siempre respondiendo a intereses en litigio. De ahí que el resultado de la comunicación política sea múltiple y que sus contenidos escenifiquen persuasiones, confrontaciones e interpretaciones distintas de un mismo hecho, de una misma estadística. No olvidemos que la política es la respuesta al conflicto. Así lo entendemos en la Ciencia Política. “La política trata del estar juntos”, sintetizó una de las teóricas políticas más recomendables del siglo XX, la todavía leída Hannah Arendt.

Desde hace cuatro años, el Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert, organismo de la Diputación de Alicante, organiza estos seminarios anuales con la Asociación de Comunicación Política como cita puntual para tomarle el pulso a este campo, para conocer su actualidad, lo que ha motivado que en esta edición –que como en ediciones anteriores está dirigida por Adrián Ballester, vicepresidente 5º de la Diputación de Alicante y diputado del área de Buen Gobierno, y por la doctora Marta Martín Llaguno, catedrática de Comunicación Audiovisual de la Universidad de Alicante y diputada del Congreso– tome protagonismo ese concepto de campaña permanente.

Basta ver la estructura del programa y la relación de ponentes, así como la buena acogida de inscripciones como se aprecia en la sala, para augurar que van a ser dos jornadas muy provechosas. Con este deseo, declaramos inaugurado el IV Seminario de Comunicación Política e Institucional de Alicante.

JOSÉ FERRÁNDIZ LOZANO. Director del IAC Juan Gil-Albert

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1 respuesta

  1. Me ha encantado esta entrada sobre comunicación política!!! Sólo faltaba la frase que se les atribuye a los alicantinos de ” cómpralo por lo que vale y véndelo por lo que dice que vale…” Un beso y nos vemos mañana!!!!

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