Cultura y Derechos Humanos

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Fragmento de grafiti por los Derechos Humanos (Ondewol) en Dénia

Primero fue Ciro el Grande, que tras conquistar Babilonia liberó a los esclavos y declaró la libertad religiosa, quedando aquellos derechos recogidos en el conocido Cilindro de Ciro. Muchos siglos después, los colonos del este norteamericano que mantuvieron un pulso con la corona británica invocaron en varios documentos, hasta finalizar con la Declaración de Independencia de los Estados Unidos en 1776, los derechos naturales a la vida, a la libertad y la igualdad ante la ley, así como los derechos políticos a ser gobernados con el consentimiento de todos. Todavía en el siglo XVIII, la Revolución Francesa inspiraría las Declaraciones de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789 y 1793, con estos mismos derechos.

La historia de los Derechos Humanos es una historia larga. Pero en su recorrido cuenta con un hito que los mantiene vigentes sobre el papel: la Declaración universal de los Derechos Humanos que proclamó la Asamblea de la ONU en París el 10 de diciembre de 1948.

Vivir en un entorno en el que un sistema político protege los derechos básicos a la vida, a la libertad, a la igualdad, a la participación política, a la educación o a la salud es un privilegio… si se practican en la realidad. Pero al mismo tiempo puede dar una visión equivocada del mundo, haciéndonos perder la sensibilidad con otros lugares del planeta donde estos derechos se vulneran a diario. No perder, pues, la perspectiva ni la sensibilidad por los Derechos Humanos es una obligación de todos, vivamos donde vivamos. Es trascendental asumirlos, no sólo desde el poder sino en la vida cotidiana.

Esa labor de sensibilización tiene una clara expresión con las actuaciones del IAC Juan Gil-Albert, que ha programado la pintura de ocho grafitis en la provincia de Alicante alusivos a los Derechos Humanos, de cuya Declaración universal ha repartido más de cinco mil ejemplares gratuitos.

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Grafiti por los Derechos Humanos en Elda, de Jordi Fernández Gómez

Uno de los artistas ha dejado en Elda sobre una pared este lema: “Todos iguales, todos diferentes”. Una paradoja decisiva: la comprensión de la diferencia es la clave. El propio Juan Gil-Albert lo entendió así: “Todo intento de comprensión –no de imposición– entre los hombres, toda asiduidad interesada por comprendernos, por considerarnos, por distinguirnos, no tanto unos de otros, como unos a otros, con lo que esa distinción lleva en sí de humano y de distintivo, templa suavemente nuestra convivencia y confiere por sí solo a una sociedad el único título que ningún otro aspecto de la creación puede asumir, el de inteligente”.

JOSÉ FERRÁNDIZ LOZANO

Artículo original: “Cultura i Drets Humans”, de José Ferrándiz Lozano (suplemento cultural “Arts” del diario El Mundo, 16-12-2016).

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Categorías:Opinión

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