Juan Andrés, secuencias de un olvido

Juan Andres grabado

Juan Andrés (1740-1817)

Cuando Leandro Fernández de Moratín redactó sus memorias recordaba una visita al ilustrado Juan Andrés en 1795, en los días en que éste residía en el Palacio del marqués Bianchi. “Nadie sale de Mantua sin haber visto al abate Andrés”, anotaba. Esa mención o el lamento del alemán Goethe por no haberlo podido visitar revela la admiración al erudito nacido en Planes en 1740 y muerto en Roma en 1817, uno de los ilustrados valencianos olvidados fuera de los círculos especializados.

Como jesuita y humanista, Juan Andrés fue un intelectual de mentalidad y difusión europea que residió desterrado durante cincuenta años. Su voluminosa obra Origen, progresos y estado actual de toda la literatura, publicada en italiano entre 1782 y 1799, tuvo una repercusión enorme en el mundo cultural del continente, traducida a varios idiomas, pionera de los estudios históricos universales y comparados.

El bicentenario de su muerte va justificando que su nombre trascienda en algún momento, cierto que sin clamor. Las efemérides ayudan, pero hay que consignar los esfuerzos prolongados al margen de celebraciones. Y en eso ha destacado la labor de recuperación de su figura y obra, trayéndola a la actualidad, que realiza desde hace años el Grupo de Investigación Humanismo-Europa de la Universidad de Alicante, un grupo que incluso concede un premio anual con el nombre del ilustrado.

Si hoy preguntáramos al azar quién era Juan Andrés, seguramente serían muy pocas personas las que podrían proporcionarnos una noticia sobre él. Cuando en 1978 se daba a conocer la biografía El abate D. Juan Andrés Morell (un erudito del siglo XVIII), publicada por el denominado Instituto de Estudios Alicantinos, actual IAC Juan Gil-Albert, el autor Adolfo Domínguez Moltó reproducía un fragmento de Menéndez y Pelayo en el que el cántabro sostenía que el mérito del personaje sólo podía compararse “en lo grande” con el olvido en el que se le tenía. Y es curioso: el propio Domínguez reconocía que, siendo él de la Baronía de Planes, tampoco conocía su “extraordinaria personalidad intelectual”.

Tras apreciar esa personalidad, consideraba vergonzoso que no se hubiese publicado en España una biografía sobre Juan Andrés que mereciese tal calificación. Él contribuyó por aquellos días a reparar la carencia, y otros han ido completando después el conocimiento del personaje. Pero no disimulemos: Menéndez Pelayo, Domínguez o la ignorancia general y actual sobre Juan Andrés exponen la secuencia prolongada de un olvido que el bicentenario de su muerte aspira, al menos, a combatir.

JOSÉ FERRÁNDIZ LOZANO

Artículo original: “Juan Andrés, seqüències d’un oblit”, de José Ferrándiz Lozano (suplemento cultural “Arts” del diario El Mundo, 14-4-2017).

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