Un paseo por la nostalgia

JFL en la escuela

Del álbum de fotos de JFL

Tiene cierta difusión una escena de la serie Mad Men en la que los publicistas protagonistas presentan a sus clientes la campaña que han diseñado. Remontando la acción a los años sesenta, se recrea el momento en el que la agencia prepara el lanzamiento de una gran novedad por encargo de una conocida marca de fotografía: el proyector de diapositivas, aparato que ya es historia, desplazado por la fotografía digital, los ordenadores, el powerpoint y los móviles, pero que algunas generaciones hemos tenido ocasión de manejar. Un producto que se iba a denominar “la rueda” y acabó conociéndose por el “carrusel”.

En la sala de reuniones de la agencia publicitaria, el presentador de la campaña utiliza el nuevo aparato y proyecta una secuencia de imágenes familiares, evocadoras de instantes felices, que sincroniza con su relato. El espectador sabe que él mismo vive una situación difícil con su pareja, lo que aumenta la emoción. Les habla a sus clientes de “la conexión sentimental con el producto” y asegura que puede existir una conexión más profunda: la nostalgia.

“Este aparato –explica, introduciendo pausas muy estudiadas– no es un cohete espacial. Es una máquina del tiempo. Va hacia atrás. Hacia delante. Llevándonos a lugares donde nos duele volver. No se llama la rueda, se llama el carrusel. Nos hace viajar como a los niños les gusta viajar. Dando vueltas y vueltas para volver a casa de nuevo. El lugar donde sabemos que nos aman”.

Vincular un producto a la emoción es un recurso habitual en publicidad. Pero la escena me ha venido al recuerdo al abrir un ejemplar del libro Contemos como pasó. Imágenes y reflexiones de una cotidianidad (1958-1975), de Juan Antonio Ríos Carratalá, catedrático de Literatura de la Universidad de Alicante (entidad editora), y comenzar a leer.

No cabe duda de que es un libro que apela a la nostalgia de quienes, testigos de ese paréntesis temporal, transitaron con bastante inocencia durante su infancia y adolescencia por los tiempos del desarrollismo y el tardofranquismo –no es casual que comparezcan mitos deportivos como el ajedrecista Arturo Pomar, el boxeador Pepe Legrá o el baloncestista Nino Buscató–. La distancia del autor, en cambio, permite que la aproximación sea realizada con un conocimiento mayor del contexto, expresado en ocasiones con mirada crítica y humorística. “La memoria convertida en consuelo o refugio alivia las intemperancias del presente”, precisa. “Pero sólo es recomendable si reconocemos su virtualidad como relato puesto a nuestra disposición”.

JOSÉ FERRÁNDIZ LOZANO

Artículo original: “Un passeig per la nostàlgia”, de José Ferrándiz Lozano (suplemento cultural “Arts” del diario El Mundo, 30-12-2016).

 

 

 

 

 

 

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Categorías:Opinión

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