Blanca Andreu en la Casa Bardín

Blanca Andreu mesa

Blanca Andreu

Irrumpió en la poesía en castellano al obtener a los veintiún años el Premio Adonais en 1980 con De una niña de provincias que se vino a vivir en un Chagall, un libro que, según su propia confesión, escribió entre los dieciocho y los veinte años. Publicado en 1981, el mismo año en el que añadió a su currículo el Premio Gabriel Miró de cuentos, no se tardó nada en tener noticias nuevas: en 1982 se alzaba con el Premio Mundial Fernando Rielo de poesía mística por Báculo de Babel, publicado en 1983.

La recepción crítica de sus obras certificó la novedad y calidad de su poesía, que conectaba con la Generación del 27 y el surrealismo. Fue requerida en programas de televisión, recitales, mesas redondas. Y toda esta secuencia de realidades hizo que a los veinticuatro años Blanca Andreu, nacida en La Coruña pero cuya infancia y adolescencia la vivió en Orihuela, fuese ya una figura consagrada, señalada además como la voz que aportaba una estética renovada que superaba la influencia que durante la década anterior ejercía la generación de los “novísimos”.

Para no pocos –y a pesar de los debates y desacuerdos– Blanca Andreu marcaba con su primer libro un antes y un después. Por eso De una niña de provincias que se vino a vivir en un Chagall fue señalada como un hito que era visto como una toma de posición. O “como una carta de batalla”, como alguien resumió. Y, precisamente por eso la trascendencia del poemario fue, cómo no, discutida. Así y todo, su impacto era indudable. Luis Antonio de Villena, en su antología Postnovísimos, la consideraba realmente “el primer nombre postnovísimo que tuvo resonancia general, más allá de los reducidos medios profesionales”.

La presencia de Blanca Andreu en la Casa Bardín, sede del IAC Juan Gil-Albert, era la ocasión para encontrarse con aquellos inicios –fue curioso que reconociera que el afortunado título De una niña de provincia que se vino a vivir en un Chagall se lo sugirió un amigo, para que el jurado del Premio Adonais se interesara y leyera la obra–, pero también con la evolución posterior de una poeta que ha buscado en el siglo XXI una expresión transparente y sencilla, tocada a veces de emotividad. Se sintió así cuando leyó el breve poema “El ciprés”, de su último libro Los archivos griegos (2010), dedicado al escritor Juan Benet, con quien se casó cuando ella tenía veintiséis años y él cincuenta y ocho, y de quien enviudó en 1993.

JOSÉ FERRÁNDIZ LOZANO

Artículo original: “Blanca Andreu en la Casa Bardín”, de José Ferrándiz Lozano (suplemento cultural “Arts” del diario El Mundo, 28-4-2017).

Blanca Andreu sala

Blanca Andreu en la Casa Bardín (ALicante)

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Categorías:Opinión, Sin categoría

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1 respuesta

  1. Gracias por traducir tu artículo y por instalarlo en tu blog. Me gustó mucho participar en el ciclo “Alimentando lluvias”.Cuando se leen poemas en público gran parte del éxito o el fracaso del asunto depende de la gente que asiste y del presentador, que tiene en su mano hacer que el poeta se sienta acogido o rechazado. Cristina, tú, el.público, la cena posterior, el paseo, el mar desde la habitación donde se escuchaba el oleaje, todo, en suma, me trae recuerdos buenos y alegres. Gracias de nuevo por invitarme. Ya comentaré por ahí que es una excelente plaza para torear el difícil toro de los recitales.

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