Miriam Blasco, los veinticinco años de una medalla de oro

Miriam Blasco

Miriam Blasco en la Casa Bardín (2017)

Pensemos en dos mujeres. Dos mujeres vestidas de judokas minutos antes de subir al tatami en el que van a decidir, una contra la otra, una final olímpica. Es un momento en el que cobran mucho sentido los sacrificios de ambas en el último año: sus horas de entrenamiento, su perfeccionamiento, sus renuncias, sus días buenos y sus días malos. Pero hay algo más. Es el momento en el que seguramente cobra más sentido que nunca la gran decisión que un día tomaron en su vida: dedicarse al deporte.

Cuando llegue el instante en que el juez inicie el combate, ambas pondrán toda su fuerza en conseguir un sueño que persiguen quizá desde muy pequeñas. Les quedan sólo cuatro minutos para recorrer el último tramo de ese sueño. ¡Cuatro minutos que consagrarán a una de las dos! ¡Cuatro minutos que inscribirán el nombre de una de ellas en la historia!

La concentración debe ser máxima; la técnica y la táctica infalible. Una es británica y tiene veintidós años. La otra, española, tiene veintiocho años. Les vitorean miles de espectadores en las gradas. Otros, desde sus casas o desde los bares, frente a un televisor, se muestran impacientes: aprietan los dientes, se mueven inquietos, o quizá se muerden las uñas. Los hay que incluso grabar en vídeo la final. Todos viven con nervio esos cuatro minutos que se van alargando porque el reloj se para cada vez que el juez interrumpe el combate.

En los países de ambas contendientes las voces de los locutores excitan a los televidentes con su relato. Muchos de esos espectadores no saben qué es un yuko o un koka, pero sienten algo que va unido al deporte: la emoción. La emoción por la incertidumbre en esos cuatro minutos, seguida de otra emoción distinta al acabar el combate: la alegría o el desencanto. Porque sólo una ha ganado.

Han pasado ya veinticinco años de esta escena. Con exactitud, se cumplirán este próximo verano. El día en que Miriam Blasco se consagró como campeona olímpica en Barcelona, venciendo a Nicola Fairbrother, no se colgó sólo una medalla de oro. Se convirtió además en la primera mujer que lo conseguía para su país. Un país, el nuestro, históricamente pobre en el medallero. Un país que en casi cien años de historia olímpica sólo había visto subir al podio a unos pocos deportistas masculinos. Las Olimpiadas de Barcelona del 92 cambiaron ese rumbo, y en ese año de las veintidós medallas que ganó España ocho fueron logradas por mujeres.

Pero observemos un detalle: en las imágenes televisivas de esa final de judo no hubo sólo deporte. No hubo sólo un forcejeo sobre el tatami con dos mujeres tirándose del traje, lanzándose zancadillas e intentando inmovilizar a su rival. Hubo una emisión televisiva en directo, también las hubo radiofónicas. Hubo periodistas que lo contaban.

Y es que el deporte no es sólo un juego para deportistas. Cuando las olimpiadas se celebraban en la antigua Grecia ya existían los narradores de las gestas. Si entonces eran los poetas quienes componían loas a los vencedores olímpicos, en la edad contemporánea es el periodismo el que da noticia y exalta los grandes logros. Y los exalta porque lo demanda una sociedad pendiente de todo lo que representa el deporte: el entretenimiento, la emoción, la economía, la cultura, el sentimiento de identidad, incluso la política. Todo mezclado con una transmisión de valores: la ética con el juego limpio, la superación o la deportividad del saber perder y saber ganar.

El recuerdo de la gesta de Miriam Blasco hace un cuarto de siglo se hizo con el ambiente de la conversación que mantuvieron este viernes en la Casa Bardín, sede del IAC Juan Gil-Albert, la propia judoka y Toni Cabot, director de Información, con tantos años de periodismo deportivo en su mochila, que fue el primero que entrevistó a Miriam Blasco en 1987 y es además autor del libro Miriam Blasco: el precio del oro. Fue algo más que un encuentro nostálgico y conmemorativo entre los dos interlocutores dentro del ciclo “De igual a igual”, coordinado por Macarena Palma y Cristina Llorens, que en esta sesión reflexionaba sobre la cuestión de género en el deporte.

Miriam Blasco, que con gracia contó cómo alguien al conocerla no hace mucho y saber su nombre le dijo que se llamaba igual que una avenida de Alicante, sigue siendo uno de esos símbolos en nuestro país de la conquista de la élite deportiva por parte de la mujer. Una conquista históricamente tardía, esa es nuestra vergüenza. Que la mujer se incorporase a los Olimpiadas en los juegos de Londres en 1908 y España no obtuviese medallas femeninas hasta 1992 es una evidencia negra que sólo pudo romper la necesidad forzada entonces –una necesidad propagandística de Estado, para entendernos– de no fracasar deportivamente ante el resto de planeta, como se había fracasado en el Mundial de Fútbol de 1982. No se trataba de que la organización fuese perfecta, estética e impecable: se trataba también de que el país anfitrión ocupase una posición meritoria en el medallero. Y fue entonces cuando se aplicaron unas políticas –el programa ADO, especialmente– que contrastaban con las improvisaciones e inercias anteriores que dejaban en desventaja al deporte femenino.

La medalla de oro de Miriam Blasco hace veinticinco años, tras haber obtenido el año anterior el campeonato del Mundo, le convirtió en uno de esos referentes necesarios y le dio la oportunidad, una vez retirada, de seguir trabajando por la igualdad en el deporte desde otros ámbitos: como parlamentaria en el Senado y en el Congreso, o como vocal de la Comisión de la Mujer del Comité Olímpico Español, comité del que fue vicepresidenta. Recordar su gesta es un requisito ante las generaciones jóvenes. Para que su nombre siga siendo lo que es: un nombre histórico del Deporte, escrito con caracteres resaltados, y no sea sólo la denominación de una avenida.

JOSÉ FERRÁNDIZ LOZANO

Artículo original: “Miriam Blasco, los veinticinco años de una medialla de oro”, de José Ferrándiz Lozano (diario Información, 29-5-2017).

 

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Categorías:Opinión

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1 respuesta

  1. Uy bueno este blog!!!!!

    Enviado desde mi iPad

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